jueves, 24 de diciembre de 2009

LA NADA QUE SE FUE

Siempre colgué una flor en mi solapa hambrienta
compartiendo los rudos sentimientos austeros,
con la azada en el hombro, y al pie de jornaleros,
aldeanos que sudan vino, pan y pimienta.


Creció la verde parra, y hormigas en los tallos,
con hambre nos zurcimos la astucia de los días,
la mueca del pasado, con sus melancolías,
dio olor a saco roto, y a estiércol de caballos.


Raza de adobe fuimos, pobretona y honrada,
tan simples como el cierzo o el agua de la fuente,
un costal en la espalda, y un arado en la mente
que supo a pan de trigo y a fuerza en la mirada.


La tierra dio su fruto, callada y con firmeza,
ciega de sol que espera temporal de tardío;
soportal de nostalgias que, en el cauce del río,
a la sed de esperanzas solo añade tristeza.


Suman los años días de sentimientos huecos,
parvulario de ideas en la tarde concisa,
esqueléticos sanos nos cruzamos la risa,
machacando el asfalto con madera en los zuecos.


La sencillez de ayer, cumplida y apagada,
de esfuerzo al por mayor para estos carnavales
de faja y boina, resta, con sueldos y jornales,
la nada que se fue, de un hoy que es otra nada.



(Premio en el concurso organizado por la Asociación Progreso y Cultura de Madrid en la primavera del 2009)