jueves, 5 de febrero de 2009

SALMODIA EN EL RIO

SALMODIA EN EL RIO


En recuerdo de D.Leoncio, organista en su tiempo de la Catedral de Palencia

Hay días de esperanza para hilvanar el tiempo
en sumas de recuerdos, y devolver el mito
de un ayer increíble de belleza olvidada.
Nunca se supo cómo nació una melodía
si el compás, que gobierna notas de un pentagrama
sabe a pared mudejar, o a páramo baldío.

La apariencia en las calles presume de lo arcaico
y estrecho laberinto; perdidos moradores
se fueron con el cierzo, el cigarro y la boina.

Quise cerrar los ojos, y hundirme en el recuerdo.
Recogía por dentro la música vivida
de mis mejores años, adiestrado en la infancia
en esas callejuelas de juego y de pobreza.

La catedral enorme apuntalaba el cielo,
y dentro el mismo banco. Los tubos de un barroco
órgano, que adosado a la pared del coro
guardaba en celosías las mismas inquietudes
de mil voces de niños, como un grito salvaje.

Escuchaba sediento la magistral salmodia,
unida a los compases de voz a contrapunto
de flautas y clarines y trompetas reales.

Nadie alcanzó la altura de ese humilde organista,
que engarzaba las bóvedas con presagios de estrellas.
Una lluvia de acordes se ceñía en mis dedos
con sed de eternidad; quise morir con ella.

Sentí que la nostalgia me hundía en el pasado
de quien un día hiciera real a aquel Maese
Pérez el organista, teniéndole a mi lado,
revivida su ausencia, volvía a ver sus ojos
como bailes de alondras en su música sacra.

Alguien plasmó en los tubos caras de antepasados,
bigotes afilados, que ironizan el tiempo.
Nuestras voces se fueron en aras del destino
de páramo y familia y grandeza olvidada.
Por el agua del río va lejos la salmodia,
y el órgano callado. No perdono el olvido.